Calles desde lejos
- Enrique Domingo
- hace 2 días
- 2 min de lectura
Hay sitios a los que siempre hace falta volver. No porque hayas dejado algo olvidado, sino porque una parte de tí se quedó allí y de vez en cuando necesita que vayas a buscarla. Calles es uno de esos sitios para mí.

He vuelto pocas veces. Menos de las deseadas. Una vez en moto con mi hermano y unos amigos, comimos allí y seguimos camino por la Serranía. Estos últimos veranos de cenas con los que jugamos juntos al fútbol, contándonos los años con esa facilidad que tienen las mesas largas y las noches que no tienen prisa. Y hace ya unos años, una fiesta de reencuentro con los amigos de juventud que duró lo que tuvo que durar y dejó lo que tenía que dejar.
Cada vez que volvía me pasaba lo mismo: el pueblo era más pequeño de lo que recordaba, pero la memoria que guardaba de él era más grande que nunca. Las calles más cortas, las distancias más cortas, todo más corto. Y sin embargo todo más denso, más cargado, más lleno de historia silenciosa que con los años se había ido acumulando sin que yo me diera cuenta.
Creo que los libros nacen de esa tensión. De la distancia que te permite ver con claridad lo que cuando estabas dentro no podías ver. Calles desde lejos es más Calles que Calles de cerca, si se me permite la paradoja. Porque desde lejos no ves las grietas de las fachadas ni los coches aparcados en la plaza. Ves lo que importa: la gente, sus sitios, los veranos, la forma particular en que aquel pueblo te enseñó a estar en el mundo sin que nadie te lo explicara.
Hay una cosa curiosa que pasa cuando escribes sobre el pasado: empiezas creyendo que estás contando lo que fue, y acabas entendiendo mejor lo que eres. Cada capítulo que escribía sobre Calles me devolvía algo que creía olvidado, o que nunca supe que llevaba conmigo. Los sitios, las personas, los momentos que en su día pasaron sin solemnidad y que con el tiempo se han convertido en algo parecido a un ancla.
Este libro no nació de la nostalgia. Nació de esa distancia. Y de la certeza de que hay cosas que merecen ser contadas antes de que el tiempo las borre del todo. Calles me lo dio todo en su momento. Lo menos que podía hacer era devolverlo en forma de palabras.



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